¿Pueden las artes ser un agente de educación, paz y renovación urbana?

¿Pueden la fotografía, contar historias y el emprendimiento suplantar el uso de drogas, violencia y decadencia urbana con auto-respeto, propósito y renovación urbana? Recientemente, Art is Power se instaló en Casco Viejo, el distrito histórico de la ciudad de Panamá, para averiguarlo. Un símbolo de polaridades, Casco Viejo es un lugar de contrastes extremos, donde dos mundo diametralmente opuestos conviven a distancia, a la vez que mantienen un estrecho vínculo. Por un lado, artistas, empresarios, bailarines, escritores y otros artistas buscan oportunidades de avanzar sus visiones personales con gran autonomía. Y por el otro, Casco Viejo es sede de un barrio marginal de gran violencia donde sus residentes viven en un ambiente de decadencia urbana y grave falta de oportunidades.

Casco Viejo de noche
Casco Viejo de noche

La larga historia de Casco Viejo inició en 1671 con la construcción de una fortaleza luego del saqueo y destrucción de Panamá Vieja a manos del Capitán Morgan, el mismo pirata cuyo nombre adorna la conocida botella de ron de especies. Su historia ha sido preservada en las muchas edificaciones de estilo español y francés que datan del sigo 16 y 17, iglesias y otros monumentos. Hace tan sólo una década, Casco Viejo era un barrio marginal muy peligroso, sobrecogido por drogas, pandillas, prostitución y otros problemas sociales; sin embargo, desde que la UNESCO designó a Casco Viejo como Patrimonio Mundial en 2003, el gobierno descubrió el potencial económico del área y sometió gran parte del barrio a un proceso de aburguesamiento. Caminando por el barrio, vi que el perímetro de las áreas turísticas está fuertemente custodiado por soldados del gobierno, apostados con rifles y pistolas prestos a defender las fronteras socio-económicas.
A pesar que la acostumbrada práctica de combatir la pobreza y la violencia en Latino América – al igual que en la mayoría de los países – es encarcelar a los infractores y trasladar a los pobres a otras partes de la ciudad, existe una organización que aborda las causas en vez de los síntomas. Esperanza San Felipe (un programa de la Fundación Calicanto) es un programa de rehabilitación y entrenamiento laboral creado en 2014 por los empresarios norteamericanos Matt Landau y K.C. Hardin.

Matt Landau y K.C Hardin.
Matt Landau y K.C Hardin.

El programa trabaja con las pandillas del Casco Viejo, entrenando a sus líderes a potenciar sus innatas habilidades empresariales para crear oportunidades económicas legítimas y sostenibles en sus comunidades. En el espíritu de re-invención, una de las pandillas conocidas como Ciudad de Dios, cambió su nombre a Fortaleza, en honor al comienzo histórico de Casco Viejo como una muralla. Nos explican que el símbolo de la muralla representa la fortaleza necesaria para sobrevivir en tiempos difíciles.

El logo de Esperanza Social Venture Club, que dice "Somos los únicos que podemos salvar nuestras almas"
El logo de Esperanza Social Venture Club, que dice “Somos los únicos que podemos salvar nuestras almas”

La empresa principal de Esperanza San Felipe es una gira a pie por los actuales y pasados territorios de esas pandillas. La creación del negocio de giras no sólo ha reducido drásticamente el crimen, si no que también ha dado un propósito de vida a los ex-pandilleros, generando ingresos para sus miembros y comunidades, además de un escenario para contar las historias personales que usualmente son sepultadas por las barreras socio-económicas y paredes con sus cicatrices de graffiti y orificios de balas. Antes de la creación de Esperanza, los miembros de Fortaleza y de otras pandillas del área se dedicaban a asechar a los turistas que pasaban por sus barrios; era muy común arrastrar al invasor a uno de los edificios, robarle desde la cartera hasta los zapatos, darles una golpiza y arrojarlos de vuelta a la calle. Jaffet Glissant, guía turístico y ex-pandillero, nos explicó que el ambiente era tenso y los pandilleros no tenían esperanza alguna de establecerse como ciudadanos productivos. La mentalidad imperante era del tipo de supervivencia ‘nosotros contra ellos’; sin embargo, ahora que han aprendido a crear oportunidades para sí mismos, los ex-pandilleros han aprendido a trabajar con emprendedores, turistas, policías y otros miembros de sus comunidades para promover relaciones positivas y recíprocas. A pesar que los miembros de Fortaleza han trabajo diligentemente en mejorar sus comunidades, la integración es una calle de dos vías: El apoyo comunitario es crucial en asegurar un cambio permanente.

Miembros de Fortaleza canjeando armas por una nueva realidad
Miembros de Fortaleza canjeando armas por una nueva realidad

Tuve el placer de coincidir con el Sr. Landau, tomar la gira a pie por la zona roja y sentarme a conversar con los miembros de Fortaleza para conocer el concepto, desarrollo y futuras empresas comerciales de Esperanza. Uno de los guías, St. James, me explicó que la idea de la gira nació del deseo de comunicar a los visitantes la historia humana de los barrios marginales de Casco Viejo. Deambulando entre los barrios, pude confirmar que no exageró al describir un ambiente en que los jóvenes crecen carentes de las necesidades básicas como vestido y alimentación. Los niños juegan en las calles sin más vestido que su ropa interior y muchos ni siquiera tienen la oportunidad de ir a la escuela.

El guía de Esperanza San Felipe, St. James, dando la primicia a su comunidad
El guía de Esperanza San Felipe, St. James, explicando la historia de su comunidad

Es evidente cuán poderosa es la gira en la transformación del Casco Viejo. Al contar sus historias, los miembros de la comunidad comienzan a entender que no son la fuente de los problemas que aquejan a su barrio, si no que tienen el poder de cambiarlo significativamente a través de empresas legítimas y la expresión creativa.

Jaffet Glissant, guía turístico y ex pandillero, dirigiendo un tour.
Jaffet Glissant, guía turístico y ex pandillero, dirigiendo un tour.

Al preguntarle sobre el papel de las artes en el proceso de rehabilitación, el Sr. Landau describió una de las más recientes intervenciones de la fundación. Se les dio cámaras a cada uno de los miembros del grupo y se les pidió que fotografiasen sus comunidades. Luego de recopilar las fotos, cada uno seleccionó la que más le conmovía. Las imágenes fueron enmarcadas y exhibidas en Diablo Rosso, una galería de arte y boutique ubicada en la zona turística del Casco Viejo. Durante la inauguración de la muestra, los fotógrafos compartieron con orgullo sus historias de vida y las implicaciones de sus fotos. Previo a la creación del programa, los miembros de la pandilla jamás soñaron conversar con empresarios, viajeros, artistas y otros individuos afuera de su círculo inmediato. Gracias a estas oportunidades, los miembros reciben una voz, un fuerte sentido de identidad y un propósito, que resultan en compromiso cívico, menos violencia, menor abuso de drogas y una mejor calidad de vida.

Exposición fotográfica de un miembro de Fortaleza en la Galería Diablo Rosso.
Exposición fotográfica de un miembro de Fortaleza en la Galería Diablo Rosso.

Para corroborar estas historias positivas, Vitalitas, una firma independiente, realizó un estudio en 2014 en el que se entrevistó a egresados del programa, policías y miembros de la comunidad seis meses después de la graduación de los miembros de Fortaleza del programa de reintegración de Esperanza. El estudio encontró que la mayoría de los policías y residentes participantes en la muestra reportaron un cambio positivo en el comportamiento de los egresados. Los egresados reportaron una dramática disminución en la incidencia de crímenes, agresión, victimización y participación en asuntos de drogas. Y 85% de los egresados tenía un empleo a seis meses de completar el programa. El estudio también encontró un incremento significativo en los niveles de conexión con la sociedad formal, un factor clave en prevenir la reincidencia y asegurar un mejor futuro para sus hijos. En las palabras de Jaffet Glissant, ”Ahora puedo sanar las heridas que he causado a mi comunidad.” La misión de Esperanza San Felipe es

proteger el patrimonio humano del Casco Viejo [lo que] lleva a hacerme un simple pregunta: ¿Si no abordamos el problema de las pandillas en nuestra comunidad, quién lo hará?” Permitir que el problema se traslade a otra comunidad como resultado del aburguesamiento no es una solución. A pesar que los pandilleros y otros jóvenes que viven en el círculo inmediato de las pandillas son los más marginados de la sociedad, siguen siendo parte de ella y, por lo tanto, son parte de nuestra misión.

Este es el ejemplo por excelencia del poder de las artes como iniciativa humanitaria. Esperanza San Felipe no sólo restaura el espacio físico del Casco Viejo, si no también a sus habitantes. Los residentes han encontrado nuevas formas de restaurar la fe en sí mismos y su propia habilidad para crear oportunidades personales, sociales y económicas.
Reitero la pregunta planteada al inicio de este artículo: ¿Puede la fotografía, los cuenta-cuentos y el emprendimiento suplantar el uso de drogas, violencia y decadencia urbana con auto-respeto, propósito y renovación urbana? Espero la respuesta sea obvia.

Para más información sobre Esperanza visite http://www.esperanzasvc.org/the-program o su página de Facebok https://www.facebook.com/esperanzasvc

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